Piletones

De los pobres será el reino de los cielos

Por Raúl Olocco (Grupo Perú / Revista La Calle)

Hace unos días atrás, se publicó una noticia a la que se le dio poco tratamiento mediático pero que sintetiza, para mí, lo que se anida en lo más profundo del ideario PRO. La noticia hacía referencia a la cena en beneficio del comedor Los Piletones del Bajo Flores que lidera Margarita Barrientos, una referente pobre de Cambiemos. A la cena que se iba a realizar en un salón de Villa Soldati, asistirían más o menos 800 personas con un valor de 500 pesos el cubierto. Por supuesto que el presidente y su esposa habían comprometido su presencia y con ellos varios integrantes del equipo de gobierno: Marcos Peña, el dúo “los Bulrrich”, Lombardi y varios más, todos, infiero, de elegante sport como corresponde a un evento en el suburbio.

Nada dijeron sobre el menú, pero imagino una entrada, plato principal y postre, a la usanza de los clubes de barrio, amenizado con algún número musical a cargo de algún grupo folclórico o alguna banda barrial. La atención de las mesas presumo que habrá estado a cargo de hombres y mujeres del lugar.

Con todo, lo verdaderamente sustancioso de la noticia es que trae a la superficie la mirada del gobierno acerca del lugar que ocupa la pobreza en la agenda de gestión. No es que no exista en la agenda, no es que no esté presente, no es que no crean que haya que hacer algo por ella. Para ellos siempre existió, siempre estuvo presente y es bueno ser generoso apoyando cenas de beneficencia para que tengan al menos un plato de comida.

Esa mirada que entiende la pobreza como un hecho natural que debe atenderse con actos benéficos, es la que siempre han tenido las clases dominantes y que acompañó a todos los gobiernos conservadores. Cuando algún gobierno puso la mirada en la perspectiva del derecho de los pobres a iguales oportunidades que los ricos, se profundizó “la grieta” y se produjo la reacción y el odio al “populismo”, le pasó a Yrigoyen, le pasó a Perón y les pasó a Néstor y a Cristina. Las referencias al “fin de fiesta”, al “les hicieron creer  que podían”, al “fueron engañados” no son más que frases aleccionadoras que los adalides del poder económico esgrimen para que quienes tengan la osadía de pensar boludeces claudiquen en el intento.

Por eso no los quiero, por eso no les creo, por eso no reniego de lo que hicimos, por eso no deseo hipócritamente que les vaya bien, porque esto último de algún modo es conceder que las cosas son y deben ser así, que la repartija ya se hizo allá en el tiempo, cuando alambraron los campos y se quedaron adentro de las estancias, mientras la mayoría empezó a cantar aquello de “las  penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”.

Margarita Barrientos es la pobreza que agradece y no pregunta, no cuestiona, no corta la calle ni obstaculiza el tránsito, la pobreza que no levanta la voz y entiende que  hay que agradecer el gesto solidario de los que pueden.

A este modelo le vienen muy bien muchas Margaritas Barrientos, ataviadas en el arrabal y dispuestas a mendigar beneficencia para recibir como pobres meritorios, el mendrugo que los “señores y señoras” les acercarán una o dos veces al año, lavando sus conciencias ante la miseria que ellos mismos generan.

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