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Derechos go home

Raúl Olocco (Grupo Perú)
En el centro de las discusiones de estos días, se ha ubicado el tema del arreglo extorsivo con los fondos buitres que nos arrastró a otro ciclo de endeudamiento, sin posibilidades de pensar en alguna alternativa de solución un poco más decorosa. De más está decir que todo lo ocurrido es culpa de la “pesada herencia recibida”. “Doce años de desgobierno nos dejaron esta secuela de saqueo y corrupción”, dicen a coro una banda de “cuatro de copas” con licencia de periodistas desde el altar mediático.
Gracias a la cantidad concentrada de billeteras amarillas y una buena dosis de genuflexia propia, se juntaron los votos necesarios para volver al endeudamiento y a la consecuente supervisión de los organismos internacionales de crédito. El pobre Aldo Ferrer coherente cultor del “vivir con lo nuestro”, se murió a tiempo para no sufrir el oprobio de la entrega, dejándonos un documento póstumo que reprodujo oportunamente Grupo Perú y que vale la pena volver a leer, para tenerlo presente a la hora en que algunos empiecen a olvidar como jugaron en esta partida.
En el camino y tras la sombra de esta discusión, va quedando una bolsa cargada de cuestiones de título menor para las portadas de los medios y para las mesas de debate, pero de alcance mayor a la hora de medir su impacto en la vida cotidiana. Se trata de la bolsa de derechos que paradójicamente, supimos ir llenando en la “terrible década pasada, llena de descontrol y desgobierno”
El primer derecho caído de la bolsa es el derecho al trabajo y por ser este la garantía de otros, es tal vez el más importante. Más de 100.000 puestos de trabajo perdidos en los primeros tres meses de gobierno, rubrican la idea de que lo que hace solo unos meses, era considerado el motor de desarrollo de la sociedad, hoy sea considerado un “beneficio” reservado para los afortunados que van quedando enganchados al mercado laboral.

La pesada herencia recibida nos ha dejado una bolsa llena de derechos que poco a poco van cayendo mientras se inicia un nuevo ciclo de endeudamiento

De la mano de la pérdida del trabajo, de la mega-devaluación, del quite de subsidios y de la inflación consecuente, se cae el derecho a percibir un salario digno y el derecho a consumir en relación a ese salario. Por ende, consumiremos menos alimentos, menos ropa, menos recreación, menos cultura, menos servicios.
También, con la derogación por decreto de la ley de medios, se va cayendo el derecho de escuchar opiniones no coincidentes con el gobierno y a contar con con voces que expresen otras miradas.
Si en algún momento creímos que jubilarse era un derecho a ser garantizado por el estado después de toda una vida de trabajo, facilitando el acceso al mismo a través de la moratoria previsional, sepamos que ya nos anunciaron que ese derecho también se calló del bolso.
El derecho a la casa propia que empezó a hacerse realidad a través de programas como el Procrear y que muchas familias del país lograron concretar, sufrirá según lo informado, un cambio de enfoque que dejará afuera a todos aquellos que no reúnan el requisito de demostrar pobreza extrema. Esos deberán esperar el millón de créditos que oportunamente anunció el ingeniero.
El bolso también contenía el derecho al acceso a la tecnología educativa a través del programa conectar igualdad, el derecho a protestar sin ser reprimido, el derecho al acceso gratuito a actividades culturales, el derecho a pertenecer a un país independiente en materia de tecnología satelital, el derecho a contar con un plan estratégico en materia de desarrollo energético, el derecho a acceder a medicación básica a través de programas como Remediar, cuya caída ya fue anunciada, el derecho a planificar una familia respaldado por un estado que no ponga en dudas los tratamientos de fertilización asistida y todos aquellos derechos que el ocasional lector considere que se han caído del bolso.
El argumento de que “todo estaba tan mal que nos va a llevar mucho tiempo restaurarlo”, no alcanza para explicar cómo, solo algunos meses atrás era posible garantizar esos derechos y era posible que gran parte de los organismos internacionales ponderaran nuestros indicadores en materia de políticas públicas.
El argumento de que “todo va a estar bien, una vez que reparemos el daño” no alcanza para explicar donde estaba el “daño” que obligara al cierre sin fecha de reapertura del CCK y de Tecnópolis, o la caída del proyecto Atucha III y el traspaso de Arsat, o la interrupción del plan conectar igualdad y Procrear, o la interrupción de la moratoria jubilatoria por citar algunos pocos ejemplos y si la reparación del daño empieza por los despidos, la mega-devaluación, el fin de las retenciones, el quite de subsidios y la consecuente transferencia de miles de millones a los sectores económicos concentrados, es muy válido pensar que van a seguir cayendo muchos derechos del bolso.
Es interesante, el ejercicio de hablar en estos términos con parientes, compañeros o vecinos, para medir si lo hacemos en el mismo idioma cuando pensamos en derechos, tal vez la respuesta que encontremos nos haga llevar sorpresas a la hora de entender alguna lógica social que explique y le de marco a este presente político. Tal vez una parte importante de la sociedad, solo pueda o quiera, pensar en términos de derechos cuando ve afectados los propios y es probable que armando su propio listado, algunos descubran que el modelo de país que encarna el gobierno actual, más tarde o más temprano se lo sacará del bolso.
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