Despidos en el Estado

Despidos en el Estado: no hubo errores, no hubo excesos

Por El Arcángel (Grupo Perú)

Un trabajo significa esperanza, seguridad, sueños, futuro. Jóvenes con proyectos, familias que ven un horizonte. Un trabajo significa esfuerzo, responsabilidad, dedicación, derechos. El empleador gana con el trabajo del empleado. El empleado gana su salario y derechos. Derecho al trabajo registrado, decente, bien remunerado, vacaciones, licencias, protección frente a accidentes y enfermedades profesionales, derecho a una ART, preaviso en caso de despido e indemnización en caso de despido “sin justa causa”.

En la actualidad, de acuerdo con la normativa vigente, si una parte acuerda con la otra realizar tareas a cambio de una retribución, dirige su trabajo y lo incluye en forma sistemática en su estructura organizativa se dice que se está en presencia de una relación de dependencia.

Existen empleadores que recurren al Monotributo y hacen “facturar” a sus empleados como si se tratase de una auténtica prestación de servicios, con la intención de no reconocer que se trata de una verdadera relación de empleo para no pagar cargas sociales y, en su caso, una indemnización.

Esta problemática está vigente tanto en el sector privado como en el público. En el ámbito estatal, vale recordar que, por un lado, se encuentra el personal contratado -que realiza locaciones de servicios- y, por otro, están los que conforman la planta permanente. En la práctica, suele ocurrir que ambos realizan tareas similares aunque sólo estos últimos gozan de “estabilidad” laboral. El fraguar una relación laboral en la forma de contrato de locación está penado por ley. Esa figura genera un derecho de reclamo en el empleado, máxime si el incumplidor es el mismo Estado, quien debe garantizar el bienestar común. No es culpa de un empleado si, luego de años (a veces más de 10) de trabajar en condiciones de contratado, el Estado no cumple con su obligación.

En los dos últimos meses, hubo 27.199 despidos sin previo aviso en el Estado (nacional, provincial y municipal) y 22.793 cesantías en el sector privado (14.000 en la construcción).

El Observatorio del Derecho Social de la CTA, indica que en los dos últimos meses se produjeron 27.199 despidos sin previo aviso de contratados en el Estado (Nacional, provincial y municipal) y que, a su vez, se produjeron 22.793 cesantías en el sector privado (14.000 en la construcción).

No es una acción espontánea, fruto de algún funcionario destemplado. No hubo errores ni excesos en la selección de las listas. Es una acción organizada, planificada en el más frio cálculo político en el gabinete CEO nacional. Tres patas tiene su accionar:

Cálculo y procedimiento de despidos: en primer lugar las “desvinculaciones” se producen basadas en un porcentaje por ministerio, cada uno tiene un número asignado y tiene dos o tres etapas para cumplir su “cuota”. La de diciembre-enero ha sido sólo la primera. Ver más detalle en http://www.eldestapeweb.com/el-manu…

Estigmatización y justificación mediática: El contratado es echado, despedido, “rajado”, lo acompañan insultos: “ñoqui”, “vago”,” militante”. No solo se le quita el empleo, también se le intenta quitar dignidad y esperanza. Este accionar es amplificado y reelaborado por una multimedia que lo presenta como una vuelta al “estado normal” de las cosas, sumando al proceso de ataque a los doce años de gobierno kirchnerista.

Amenaza pública: Los cínicos dicen que están “sincerando variables”, “fortaleciendo el Estado”. Advierten: “estamos revisando otros 25.000 contratos”. Agregan: “cada uno sabe hasta donde le aprieta el calzado”. Amenazan veladamente el reclamo salarial. Pues de eso se trata, los despidos no son para generar el Estado Mínimo, no son para que los números cierren, son para disciplinar el reclamo salarial, amedrentar, comprar voluntades sindicales.

No hubo errores, no hubo excesos, es una acción planificada.

Hay sindicatos que observan con displicencia lo que ocurre. “Que se ocupen los Estatales”, dijo Moyano, líder de la CGT. El gremio mayoritario del Estado, UPCN, negocia la continuidad de los concursos, a través de los que aseguró cargos de planta permanente para muchos de sus afiliados, a cambio del abandono a su suerte de los 62.000 contratados en la mira.

No es sólo por ajuste económico. Los estatales despedidos representan un gasto menor para un gobierno que piensa destinar a los buitres U$S 15.000 millones (la mitad de las reservas del Banco Central). El mismo gobierno que gasta U$S 5.000 millones de dólares anuales en subsidios a empresas petroleras nacionales e internacionales y que acaba de acordar un incremento de U$S 500 mil por seis meses, con el pretexto de no despedir más gente (aunque a cambio de recortar salarios, horas extras y vacaciones adelantadas). El mismo gobierno que transfirió directamente U$S 5.000 millones a los exportadores de granos y más U$S200 millones a las empresas mineras.

El presupuesto nacional es de $ 1.500.000.000.000 (un billón quinientos mil pesos), los despidos representan un 0,24 % de ese gasto. No es achique, no es ajuste, es un mensaje, una señal, un aviso de lo que vendrá: recesión y desempleo.

El “combo” económico instalado por el actual gobierno (megadevaluación del 57 %, quita de retenciones, liberalización de importaciones y exportaciones, finalización de subsidios y altas tasas de interés) en el marco de un sistema económico mundial deprimido, precios de commodities por el suelo y con nuestro principal socio comercial (Brasil) resignando un 3,5 % de su PBI, solo tiene un destino: aumento de la inflación, seguida de recesión y desempleo.

Empezar la lucha cuando la crisis ya golpea nuestra puerta no es la mejor política: suele ser demasiado tarde.

Deben mirar con atención estos despidos nuestros dirigentes sindicales ansiosos por los fondos de las obras sociales. Debe mirar con atención estos despidos nuestra clase media liberada del cepo. Debe mirar con atención estos despidos una sociedad ansiosa de cambios prometidos. No son más que los primeros de una larga lista. Empezar la lucha cuando la crisis ya golpea nuestra puerta no es la mejor política. Suele ser demasiado tarde.

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