Theodoor Rombouts, Prometeo

El Estado argentino, un Prometeo encadenado


Beatriz de Anchorena (Revista La Calle – Grupo Perú)

Nunca fui muy fanática del consumo, que es la nueva ciudadanía, según Amartya Sen. Pero vivimos en un sistema capitalista y qué mas lindo para una mamá o un papá que darle un gusto a su hijo, comprarle un regalito, pagarle una clase de danza o básquet, comprarle sus galletitas preferidas, irse de vacaciones, tener un plasma grande para ver dibus, pelis y fútbol. Nada disparatado ¿no?

Pero parece que, para que el país crezca, hay que cortar el consumo. Contradictorio ¿no? Un país crece cuando aumenta su producto bruto interno (PBI) y para esto hay que producir más y alguien debe comprar ese excedente.

Pero ahí vamos: en el mundo capitalista hay dos tipos de individuos: el pueblo (o la gente, si no te gusta lo de pueblo) y los empresarios (que votan dos veces, según Charles Lindblom: con el DNI y con sus inversiones). Para que un país crezca es importante la inversión (principalmente en tecnología, infraestructura y capital humano) para producir más. Y entonces acá viene la confusión: ¿porqué para alentar la inversión hay que desalentar el consumo?

¿Por qué el capital pide -a un gobierno del propio palo- como prueba de confianza, que se ajuste el bolsillo de la gente? ¿Cuándo compramos esta nueva “institución” denominada “ajuste”, que nadie votó, nadie legitimó y que solo es reclamada por los que tienen que invertir, es decir, la punta de la pirámide. Pregunta retórica, el parteaguas empezó con el Consenso de Washington.

Y es en este punto donde se dirime la principal función del Estado: lograr que los empresarios inviertan sin ajustar al pueblo. ¿Y esto como se hace?

Lo primero que debemos entender es que el empresario es empresario: no existen empresarios “amigos” y es una ilusión plantearse la “creación” de una nueva burguesía nacional. Hay que trabajar con lo que hay. Y lo que hay son empresarios que quieren hacer negocios y que sólo apoyan un proyecto cuando hay ganancias tangibles. Y lo dejan de apoyar apenas aparece un riesgo o sopla una brisa de cambio. O sea, el primer aprendizaje es comprender la racionalidad empresaria, que no es ni buena ni mala, sino racionalidad empresaria. La segunda enseñanza es que no somos ni USA ni Alemania, sino un tercer tipo de capitalismo, denominado “capitalismo jerárquico” por Ben Schneider, el politólogo que más ha estudiado a los empresarios. Y, entonces, este tipo de capitalismo necesita un Estado que los regule, que tampoco es ni bueno ni malo, sino necesario. ¿Que significa esto?

  • En primer lugar, significa tener la capacidad para definir reglas de juego en forma autónoma, independientemente de las corporaciones.
  • En segundo lugar, si esa autonomía existe, nunca es total, algunos la denominan relativa (Poulantzas), otros enraizada (Evans), o bien se le adjudica la responsabilidad de gobernar el mercado (Wade) o dirigir el desarrollo (Kholi), entre otros. Esto da lugar a una variedad de intervenciones que demandan capacidades estatales. De lo que no hay duda es que un Estado fuerte y capaz es fundamental para el desarrollo.

Debe existir congruencia entre la estrategia de desarrollo, el tipo de intervención y las capacidades estatales disponibles. Pero, sin duda, el Estado depende de la inversión, sea propia o de los empresarios. En este último caso, la relación Estado / empresas debería caracterizarse por:

  • Reciprocidad, que implica que a cambio de los subsidios u otros incentivos, el Estado exige de las empresas ciertas metas de producción y normas de desempeño.
  • Disciplinamiento, a través del cual el Estado constata que las empresas cumplen con las metas y desempeño acordados.

En cualquier caso, esto se aleja de las tan mentadas relaciones de buena voluntad o conveniencia mutua. El Estado y las empresas no son pares, se mueven en un capitalismo jerárquico (apoyo, control y disciplinamiento en términos de Alice Amsden).

¿Pero cómo operan las empresas para incidir en las políticas públicas, lograr apoyos y subsidios y evitar el control y el disciplinamiento? Schneider plantea que la acción política empresaria se basa en:

  • asociaciones empresarias
  • lobby político
  • apoyo a campañas electorales
  • redes de contacto
  • y corrupción

(sí, la corrupción es una herramienta de los empresarios para incidir en las políticas públicas).

En Argentina, los empresarios usan todas las herramientas disponibles, pero la preferida y la más efectiva es la denominada “colonización del Estado” a través de la cual pueden, en corto tiempo, dar marcha atrás con conquistas populares y proporcionarse jugosos negocios de corto plazo.

El Estado argentino es una suerte de Prometeo. Gran protector de los hombres por ello condenado eternamente a ser devorado por las aves de rapiña.

Como dice Ana Castellani:

“Una de las características más sobresalientes del equipo de gobierno de Mauricio Macri es que, en su mayoría, sus integrantes vienen de ocupar cargos directivos en grandes empresas, en especial, extranjeras, (…) lo que llevó a muchos periodistas a calificar este gobierno como una verdadera ceocracia”. (www.revistamaiz.com.ar)

Dirck van Baburen- Prometeo encadenado por Vulcano (Prometheus door Vulcanus geketend, 1623).
Prometeo encadenado por Vulcano, de Dirck van Baburen

Una de las consecuencias más notorias es la pérdida de autonomía del Estado a la hora de diseñar e implementar políticas públicas y de ejercer controles. Este factor es denominado “puerta giratoria”, en el ámbito académico , y en el rioba se le dice “de ambos lados del mostrador”.

Entonces, los Ceos se hacen cargo del Estado, debilitan su autonomía para favorecer los intereses del capital, les propinan fabulosas ganancias rápidas, ajustan al pueblo, pero aun así las inversiones no vienen. ¡Qué difícil es hacer todo esto y no poder convencer a tus jefes o socios que inviertan! Cambiemos no comulga con el disciplinamiento a lo Amsden pero bien que le haría falta un Moreno (porque los muchachos son hijos del rigor, eh).

El Estado argentino es una suerte de Prometeo. Gran protector de los hombres por ello condenado eternamente a ser devorado por las aves de rapiña.

Y es que sólo un gobierno con la determinación que tuvo el gobierno peronista de los últimos doce años es capaz de esto. El campo de batalla sigue siendo la política (siempre nos salva la política) y allí los Ceos patinan. Para muestra basta un botón: “tengo un excel que cumplir” dijo Aranguren defendiendo un tarifazo promedio del 800%.


 

Portada: Prometeo de Theodoor Rombouts

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