El_Odio

El odio

Jorge Sotelo (Grupo Perú)
Buenos Aires, 09/12/15
¿Qué significado tiene el odio que expresan dirigentes y seguidores del PRO, promovido y amplificado por operativos mediáticos y judiciales?
Por un lado, sabemos que está siendo instrumentado por una maniobra que excede a la Argentina y tiene su otro punto álgido en Brasil, con el furioso ataque a Dilma Roussef . Este Operativo Tabula Rasa persigue que los gobiernos populares de América Latina se vayan de la peor manera, en un intento por arrasar no sólo con sus gobernantes circunstanciales sino también con sus proyectos y logros. De esta manera, los nuevos gobiernos conservadores ganarían un margen mayor de maniobra para desmontar lo realizado hasta ahora.
Otra forma de tratar de entender el odio que nos profesan es recordar que el movimiento popular, que en nuestro país ha girado de manera multiforme y policromática en torno al peronismo -que el kirchnerismo vino a revitalizar-, es algo más duradero y permanente que un gobierno o un dirigente que puede ser derrotado en las urnas. De modo que hoy asistimos a una áspera disputa entre “modelos”.
El problema que le plantea al poder el “modelo” que promueve el movimiento popular es su indefinición. No porque no se sepa adonde apunta, sino por que tiene piso, pero no tiene techo. Y porque no se circunscribe a un campo prefijado de conflictos y conceptos, sino que es capaz de extender sus fronteras todo lo que sea necesario. Y es esa heterogeneidad la que lo dota de un carácter insumiso y sedicioso. Y cuando éste encuentra un vínculo con un liderazgo que se encargue de la incómoda tarea del poder político y le otorgue cierta unidad se vuelve más resistente. Y, cuando este liderazgo se encuentra en el llano, se vuelve más resiliente.
La manera en que el movimiento popular va mutando sin perder su naturaleza, su reinvención permanente, la repetida irrupción de lo nacional y popular, que para los pelos de los gorilas, produce un odio irracional que es invariablemente instrumentado por el poder. A eso se responde con inteligencia. Como decía Jauretche, combatiendo por el país alegremente, sin desmoralizarnos.
La discusión que se va a dar al interior del peronismo -además de las disputas entre los diferentes liderazgos y sus dominios- es, en términos conceptuales, si el peronismo de los próximos años será un peronismo del orden, disciplinado y previsible, como quieren muchos, o, por el contrario, se acentuará su perfil rebelde y osado, tanto en la defensa de los derechos del pueblo como en el terreno de las propuestas y de las estrategias. Los dirigentes estarán discutiendo estas cosas.
Nosotros podemos atender a la dialéctica que ocurre entre esa dirigencia, por un lado, y, por otro, la militancia de base y el activismo espontáneo, no encuadrado en ninguna estructura política, que ha caracterizado estos doce años y que el kirchnerismo no supo aprovechar convenientemente, en todo momento al menos. Resulta estimulante la cantidad de reuniones autoconvocadas y pequeños grupos que se van configurando en distintos lugares del país necesitados de discusión política, canales de participación y cauces para la acción. Esto constituye fermento y levadura del movimiento de los próximos años, a la vez que un anticuerpo que actúa desde la periferia para no caer en un peronismo del orden.
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