Edvard Munch - El aullido

La zorra pobre al corral y el avaro a sus divisas

Por Raúl Olocco (Revista La Calle – Grupo Perú)

Hace unos años, mientras cursaba una asignatura de recursos humanos, en una maestría sobre sistemas salud y seguridad social, un profesor explicaba en clase, el conflicto que se avecinaba en el mundo capitalista y que describía sintéticamente de este modo, el hombre decía que estábamos entrando a un tiempo en que, debido en gran parte a los avances tecnológicos, el capitalismo estaba en condiciones de generar riqueza sin necesidad de gente que trabajara para ello y que en función de eso, en muchos países desarrollados se empezaba a discutir, qué hacer con la gente fuera del circuito laboral?

Han pasado veinte años desde aquella mañana y supongo que los países que definen los destinos del mundo, han venido ensayando respuestas para esa encrucijada, digamos que la reducción de la jornada laboral o el incremento períodos de vacaciones podrían ir en ese sentido, también imagino que el desarrollo de actividades que requieren trabajadores de alta calificación, les permite a esos países descomprimir el problema, por cuanto gran parte de su circuito productivo se asienta en tecnologías de última generación, con todo, hoy la desocupación es un problema también en muchos países del primer mundo.La otra parte del mundo, el subdesarrollado, tiene hace varios años su lugar asignado en el reparto capitalista, es un lugar mucho más modesto que comparte en el mejor de los casos, una oferta laboral de menor calificación y de bajo costo, lo que les permite a algunos afortunados países emergentes “ser más competitivos”, a la hora de vender sus productos en el mundo globalizado.

Otto-Griebel-La-internacional
“La internacional” de Otto-Griebel

Ahora bien, si la reflexión inicial es verdadera y los que dominan el mundo definen como se distribuyen las piezas en el tablero económico, la lógica indica que para mejorar sus ganancias, la presión sobre los países subdesarrollados para bajar costos laborales, será cada vez mayor y por ende el valor del trabajo seguirá cayendo.

En este contexto y sin ser experto en el tema, entiendo que la apuesta de la etapa kirchnerista, estuvo centrada en tres pilares, el primero de ellos apuntó a la generación de empleo a partir del impulso a las pymes, luego se apostó a la conservación de esos puestos de trabajo y el sostenimiento del salario como motor del consumo interno y en la última etapa se impulsó el desarrollo científico como andamiaje para la inserción del país en el mundo más desarrollado, o sea, si el desafío era competir, no lo hagamos en el salvaje escenario de los tigres asiáticos, sino en el interesante mundo del desarrollo, que entre otras cosas nos va a permitir sostener nuestro salario medio.

Pero el proceso se interrumpió, entre otras causas por la imposición de los poderosos de afuera y la servil obediencia y conveniencia de los miserables de adentro, porque el modelo elegido por el anterior gobierno, centrado en la independencia económica, la soberanía política y la justicia social, más allá de quien intente ponerlo en práctica, es un modelo demasiado desafiante para el orden establecido, de hecho, en solo seis meses retrocedimos los casilleros necesarios, para volver a instalarnos en el lugar de la factoría productora de materias primas y en el lugar de prestadores de los servicios que desarrollan los países desarrollados.

En este contexto obviamente, es necesario dejar en manos de las corporaciones, la decisión de manejar los destinos de los trabajadores sin ninguna intervención del estado, este, se convierte peligrosamente en un facilitador de negocios de los que dejan poco o casi nada en el país y se llevan en carretilla las ganancias.

En el medio del vendaval, el dueño del perrito Balcarce, mientras veta la ley antidespidos, nos promete empleos de “calidad” y como ejemplo nos presenta el convenio con Mc Donalds y la reincorporación de 1300 empleados de Cresta Roja de los 3500 despedidos, con un 20% de reducción salarial y 6 meses de cotratación prometida. De tan burdo, parece una broma de mal gusto, pero lo triste es que aunque querramos que sea una pesadilla, es la cruda realidad.

Me pregunto a que llama el ingeniero en el marco descripto, “trabajo de calidad”, partiendo de la seguridad de que su círculo más cercano, no considera trabajo a todo aquel que se desarrolle en el estado, por cuanto no produce bienes concretos y transables. Pero entonces el “trabajo de calidad” ¿es el trabajo estable? ¿es el trabajo de alta calificación técnica? ¿es trabajo en el sector privado? ¿es el trabajo de costo competitivo? ¿Qué significa para él esa frase que esgrime como promesa de un futuro mejor para el segundo semestre de algún año?.

La respuesta sincera a esa pregunta no se encuadra en ninguna de las opciones planteadas por cuanto, no puede haber trabajo estable con leyes que apuntan a la flexibilización, no habrá trabajo de alta calificación si nos corremos de los posibles proyectos de desarrollo que se venían impulsando, No tendremos más trabajo en el sector privado, si la políticas económicas estimulan la especulación y la timba financiera y si por esas cosas aumentara el trabajo de bajo costo, todos sabemos que ese precisamente, no es el que puede llamarse trabajo de calidad.

El “trabajo de calidad” que deberíamos defender y que este modelo quiere destruir, es el trabajo que en épocas más felices nos hizo sentir orgullo, cada vez que leíamos en algún producto la frase “Hecho en Argentina”, frase que por sí misma era una garantía de confiabilidad.

Ese trabajo bien hecho, era el resultado de una conjunción de factores entre los que se destacaba el apoyo del estado a la industria nacional, la capacidad de los trabajadores argentinos, el estímulo de los programas de capacitación laboral y el sostenimiento del poder adquisitivo de los salarios, precisamente todos los factores que tienden a desaparecer desde la llegada al poder del aluvión color mostaza.

En un mundo capitalista que puede generar riqueza sin necesidad de mano de obra, el nuevo gobierno elige como opción la entrega del país a un puesto en el ranking que está por detrás aún de los tigres asiáticos, es el lugar de granero del mundo que siempre le asignó el reparto ordenado por el capitalismo central, con la pequeña diferencia de que el campo hoy en día, casi no necesita mano de obra para ser granero y para engordar las fortunas de los carroñeros de adentro.

En pocas palabras, el “trabajo de calidad” que nos prometen, debe entenderse como, “el trabajo que vaya quedando, por la plata que ofrezcan y por el tiempo que quieran”, los patrones del mercado y para que eso ocurra es necesario “la calidad” del trabajo disciplinador de los capangas de adentro.

*Foto de portada: “El aullido” de Edvard Munch

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“El cuarto Estado” de Giuseppe Pellizza
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