Macrismo como sigue

Macrismo, cómo sigue.

Jorge Sotelo (Grupo Perú). Buenos Aires, 31/01/16

¿Por qué el macrismo cambiaría un patrón de acción política exitoso por otro que sólo promete desgastes y conflictos?

Durante los años de formación de su fuerza política, el PRO estuvo centrado en la construcción de legitimidad, trató de ganar el corazón y las mentes de sectores importantes de la sociedad y lo logró. El macrismo se presentaba como un nucleamiento de gente joven y cool, con buenas intenciones y capaz de gestionar eficientemente la cosa pública. Gente linda, canchera y desconstracturada, que no hablaba el lenguaje de la política sino el de la gente “normal”, los vecinos. Una suerte de batalla cultural baladí, llena de globos y frases de ocasión, pero eficaz por su apelación a la banalidad ciudadana, por el poderoso acompañamiento mediático y por las persistentes operaciones urdidas en núcleos oscuros del poder. Hoy el presidente es Mauricio Macri y esa estrategia triunfó.

Sin embargo, durante los primeros meses de gobierno el macrismo ha mostrado otra cara. Parece haber renunciado a la política para transformarse simplemente en un gobierno de derecha recalcitrante. Su actual patrón de acción política parece indicar que ha venido simplemente a restaurar el orden perdido. Su único proyecto parece ser retrotraer la Argentina al status quo cimentado a partir del 76. Restaurar los poderes fácticos en sus lugares naturales y retornar a una matriz de poder y de negocios que nunca debió haberse abandonado. Y para ello actúa rápido, favorece de manera veloz a sus socios, conculca derechos, fustiga a los trabajadores, ataca a los movimientos populares y procura destruir cualquier opción política que pueda dar continuidad a los doce años kirchnerista. Es decir, un gobierno de derecha reaccionaria que viene a implantar un Estado policial, a restablecer la represión, a ejercer violencia institucional y perpetrar cualquier abuso de poder que posibilite el disciplinamiento social.

Sanz algo había anticipado (“si ganamos, no nos va a temblar la mano para gobernar por decreto”), pero nadie se imaginó semejante barbaridad en tiempos democráticos. Hay quienes lo justifican planteando que deben aprovechar este primer momento para impulsar aquellas cosas que en periodo normal (con minoría en el legislativo y menos apoyo social) no podrían hacerlo y, de paso, marcar la cancha. Esto es además funcional al miedo que campea en Cambiemos: ser parecidos a De la Rúa, carecer del grado de aspereza que demanda la política argentina. Como si Macri hubiese desarrollado cierta capacidad político-estratégica que alguna vez se predicó de los gobiernos kirhneristas.

El macrismo enfrenta una disyuntiva estratégica: encarnar un gobierno de restauración conservadora de corte autoritario, o bien, constituirse en la instancia fundacional de una derecha moderna y democrática, capaz de conquistar voluntades legítimamente.

El macrismo enfrenta una disyuntiva estratégica: encarnar un gobierno de restauración conservadora de corte autoritario, o bien, constituirse en la instancia fundacional de una derecha moderna y democrática, capaz de conquistar voluntades legítimamente.

Si la opción es la primera es probable que enfrente serios problemas de gobernabilidad y se mueva, como hasta ahora, con maniobras torpes que irán provocando una resistencia creciente por parte de variados actores. El conflicto social puede hacer tambalear el régimen y, con seguridad, preparará el regreso de una alternativa democrática, más cercana a los intereses populares.

Sin embargo, si la opción es la segunda, estos primeros meses no habrán sido más que una etapa destinada a tomar medidas de mucho costo social (aprovechando la sorpresa, el acceso reciente al poder y el verano), establecer reglas de juego, poner a la defensiva a los sectores populares y brindar señales al establishment. Y fundamentalmente tratar de aislar políticamente al peronismo tumultuoso que se revitalizó en los últimos 12 años. Podría esperarse que a continuación, fundamentalmente a partir de marzo, cuando el congreso vuelva a poner a la política en primer plano, se retorne a una estrategia que sobreactúe el diálogo, la unidad nacional y la buena onda, presentando un rostro amable y renovado del liberalismo económico, acompañado de un fuerte énfasis en la gestión y la eficiencia, promesas de inclusión y propuestas pintorescas.

Lo dice Sergio Berensztein en una nota reciente: “…se facilitaría mucho si el peronismo se reinventase como un partido moderno y democrático, aislando a los segmentos populistas y autoritarios nucleados en torno de la figura de CFK. En ese sentido, resultaría imprescindible que la Nación y las provincias volvieran a endeudarse: en una etapa de obligada austeridad, esos recursos podrían aceitar los mecanismos para que, al menos hasta las elecciones del 2017, Macri encuentre el apoyo necesario para poder acotar el uso de los DNU y facilitar de este modo los acuerdos.” Para ello el macrismo deberá ayudar a consolidar un peronismo del orden, un peronismo domesticado.

Estas opciones provocan tensiones internas dentro del gobierno que se expresan tanto en su ala política como en su ala económica y no hay indicios de hacia dónde terminará inclinándose la balanza. En el ala dura se barajan propósitos que van desde un ajuste más radical y ortodoxo, en el campo de lo económico, hasta el enjuiciamiento y encarcelamiento de CFK, en el plano político.

La disyuntiva del macrismo es un elemento que la oposición debe observar porque de eso dependerá la estrategia que se adopte. Hace unos días circuló por las redes una frase del Gral. San Martín que decía: “Si el enemigo nos provoca para entrar a una batalla corta, decisiva y fulminante, resguardemos nuestras cabezas y organicemos la retaguardia hasta que seamos nosotros los que elijamos el modo y el momento de dar combate. Vamos a la lucha por nuestra libertad. Pero somos nosotros los que elegimos el cuándo, el cómo, el dónde y con quién.” La primera parte es muy atinada porque el gobierno no escatima provocación para que respuestas vehementes -por ahora contenidas- posibiliten el propósito de aislar políticamente a los protagonistas del ciclo que se pretende desterrar. Pero la posibilidad de elegir cómo, cuándo, dónde y con quién, depende de qué haga el adversario.

Si el macrismo continúa tras el sendero de una restauración conservadora de corte autoritario, la estrategia será de resistencia, el escenario privilegiado serán las calles y la delantera la constituirán las organizaciones gremiales y sociales en general, secundadas por los dirigentes políticos. Los tiempos serán más cortos porque el apoyo actual se disipará rápidamente conforme se haga sentir el desempleo, la baja salarial y la disminución de la capacidad de consumo. Esta opción probablemente termine aglutinando a gran parte del peronismo en una oposición decidida.

Si la alternativa es la de retomar el camino fundacional de una derecha potable, el escenario volverá rápidamente a ser el político, la disputa será cultural e ideológica. Y las internas del peronismo serán también más complejas y dolorosas.

En cualquiera de los casos, una incógnita es el papel de las organizaciones gremiales. Moyano ya avisó que él va a hacer lo menos posible, incluso en el escenario más duro: “Que cada gremio se arregle. Ya sabíamos que esto iba a ser así porque el gobierno anterior dejó una situación muy difícil de resolver”. Los gremios estatales oscilan entre la defensa de sus afiliados y lograr un cierto entendimiento con el gobierno, avenencia con la que siempre operaron. La dinámica más fuerte probablemente comience cuando los despidos comiencen a hacerse sentir en el sector privado y los resultados de las paritarias resulten insuficientes. No olvidemos que el ala dura económica del macrismo persigue al menos un 15% de desocupación para poder bajar salarios en un promedio de 40% y tornar “viable” el país.

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