Peronismo volver a enamorar

Peronismo. Volver a enamorar.

Por Daniel Hernández (Grupo Perú). Buenos Aires, 05/02/16

El duro tropiezo en las urnas y la ofensiva política del macrismo en estos dos meses no son razón para el lamento, son el lugar en el que construir poder. Las derrotas nos enseñan nuestra fragilidad y nos muestran que no hay ninguna fuerza que no sea la que nosotros construimos la que nos hace quienes somos y la que puede llevarnos de nuevo al gobierno. Laclau, evocando a Gramsci, tenía un nombre para el producto de esa construcción, hegemonía.

El peronismo es hoy la referencia para convocarnos y encontrarnos en la tarea de reconstruir esa hegemonía que se nos quebró en Octubre. Una referencia abierta y a la vez aglutinante, capaz de abrir sus brazos compañeros a otras fuerzas y mostrarle los dientes a los poderosos. No es poco.

Pero, se sabe, el peronismo es muchas cosas. Y en buena hora. Su significado está tan abierto como la tarea del momento. Una no menor. Más bien decisiva.

Pero, se sabe, el peronismo es muchas cosas. Y en buena hora. Su significado está tan abierto como la tarea del momento.

Peronismo son los compañeros en las intendencias, en las gobernaciones, pagando salarios, construyendo obra pública, haciendo frente a las necesidades de sus comunidades, gestionando programas, negociando con movimientos sociales, sindicatos, ministerios, sectores de poder. Sin lugar a dudas el peronismo en la gestión es, hoy por hoy, uno de los lugares en donde se forja el movimiento y se construye poder.

Peronismo son los compañeros en las cámaras discutiendo y tomando posiciones sobre problemas y decisiones críticas para la vida de las mayorías populares. El peronismo en el congreso que discute, se opone, asume compromisos, procesa intereses, discierne lo que se negocia y lo que no, es imprescindible en este momento.

Peronismo son compañeros trabajadores organizados en sindicatos que defienden el empleo, los salarios, las condiciones de trabajo. Quién duda que el peronismo sindical será crucial en los tiempos que vienen, cuando se sienten en las paritarias, en el consejo del salario, cuando lo veamos llevando adelante medidas de fuerza reclamando en las calles por sus derechos y defendiendo sus conquistas.

Peronismo son los militantes que se organizan, llenan las plazas, se movilizan y convocan a compañeros de otros espacios para defender sus cooperativas, exigir el respeto a Ley de Medios, el juicio a los represores, resistir a la violencia policial institucional o simplemente mostrar rebeldía frente al poder que se afirma en favor de las minorías. El peronismo militante en las calles, en las plazas, en las redes, en las unidades básicas, en las cooperativas, es una herramienta central de este momento y lo será aún más cuando crezca la necesidad de la contestación social.

Peronismo son los dirigentes que, proviniendo de cualquiera de estos espacios, se reúnen para dar expresión institucional y electoral a la fuerza política que se construye en alianza con otras expresiones populares. En el peronismo político y en las resoluciones de las disputas partidarias se juega una parte importante de lo que este significa para el país en términos político-institucionales y de cara a las elecciones legislativas del año que viene.

En cada uno de estos espacios construimos la fuerza política que somos, reafirmando vocación y proyecto para dirigir el país en un escenario de restauración del poder conservador. La hegemonía no se construye en un solo espacio sino imprimiendo una dirección que los articula en la afirmación de ese proyecto. El peligro corporativo es el que debemos evitar.

El peligro de devaluar la propia fuerza política convirtiéndola en una federación de poderes territoriales, que el radicalismo expresa de manera elocuente, y que se consolida cuando quienes están comprometidos con la gestión dejan de trabajar para construir un peronismo con vocación de dirigir el país, acercándose a quienquiera que esté gobernando para defender los municipios y gobernaciones que se tienen. Peligro de convertirse en un partido parlamentario sin vocación transformadora que se convierte en una parte necesaria del esquema de poder existente reforzando la federación de poderes territoriales. Peligro de un sindicalismo negociador y resignado, cerrado en si mismo, que se defiende negociando siempre a la baja, cada organización por su lado, de males que siempre pueden ser peores. Peligro de una militancia testimonial cuya indignación y aislamiento solo expresa su impotencia frente a un poder que la integra como parte del paisaje social. Peligro, finalmente, de una burocracia partidaria cuyo poder deriva solo de un juego institucional en el que ya pocos participan y en el que hay cada vez menos cosas que decidir, salvo los lugares de los propios dirigentes en ese juego que ya poco importa.

Apostar por un peronismo “puro”, que pretenda reducir el pluralismo de realidades, escenarios y modos de acción -sea este territorial, parlamentario, sindical, militante o partidario- es una vía segura a la intrascendencia política.

Esta complejidad expresa tanto nuestra fuerza y capacidad como los peligros a los que nos enfrentamos en la tarea de reconstruir poder. Apostar por un peronismo “puro”, que pretenda reducir el pluralismo de realidades, escenarios y modos de acción a uno solo o a algunos -sea este territorial, parlamentario, sindical, militante o partidario- es una vía segura a la intrascendencia política. Pero articular estos peronismos para despertar las energías transformadoras de lo popular y expresarlas en los gobiernos locales y provinciales, en las discusiones parlamentarias y en las calles, en las fábricas y en las paritarias, en las plazas y en las elecciones es una tarea que no solo requiere amplitud.

Requiere, sobre todo, poner a todos estos peronismos a enfrentar al mismo enemigo y a discutir un mismo proyecto, en un debate que no niegue ni reduzca las agendas de cada uno, sino que las movilice y las amplíe de cara a una sociedad a la que hay que reconquistar. No se trata solo de una tarea que tenemos por delante, se trata también de lo que sepamos hacer con nuestra memoria y nuestra experiencia de estos años que sigue señalando un camino a la sociedad. Cristina es el referente de esa fuerza que está lejos de agotarse y que debemos mantener viva.

Sabemos lo que nos pasa cuando olvidamos que nuestra verdad es relativa e intentamos reducir la riqueza del peronismo a una única expresión: nuestra vitalidad se apaga y perdemos la capacidad de enamorar.

Sabemos lo que somos capaces de hacer y las cosas que no pudimos o no supimos realizar. La discusión debe abarcar a todos para reconstruir una hegemonía que se fortalezca en cada batalla que atravesemos y que dispute el poder los próximos años. Ya conocemos lo que nos pasa cuando olvidamos que nuestra verdad es relativa e intentamos reducir la riqueza del peronismo a una única expresión. Nuestra vitalidad se apaga y perdemos nuestra capacidad de enamorar.

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