Peronismo y conflicto

Peronismo y conflicto

Daniel Hernández (Grupo Perú)

La vitalidad del peronismo, el de Perón y de Kirchner, tiene sus raíces en su obstinada manía de no hacerse el distraído con los conflictos de la sociedad. Está vivo cuando discute y expresa lecturas y posiciones desde el interior de estos conflictos para construir una alternativa de poder que los traslada al espacio de la representación política.

La cuestión de la unidad de cara a las elecciones internas no es un simple asunto institucional para resolver autoridades partidarias. Es uno de los escenarios en los que se dirime la posición que el peronismo representa en el conflicto. Tampoco es una cuestión que se reduzca a la vida interna de un partido. Es un momento en la permanente construcción de un sujeto político que va mucho más allá del peronismo, aún cuando este sea un eje central de esa construcción.

Claro que las internas no son el único ámbito en donde estas cosas están en juego. También ellas se debaten cuando los gobernadores y dirigentes negocian con el gobierno las posiciones que asumirán en congreso al tratar los temas de coparticipación y la habilitación para el pago a los buitres. O cuando los líderes sindicales negocian sus reclamos en las paritarias y sus posturas frente a los despidos.

En cada una de estas batallas el peronismo elabora una definición del conflicto que atraviesa el país y se construye a sí mismo formulando su convocatoria a la sociedad para representarla.

El peronismo está vivo cuando discute y expresa lecturas y posiciones desde el interior de los conflictos para construir una alternativa de poder y trasladarla al espacio de la representación política.

Es aparente la paradoja del discurso de derecha que, por un lado abjura del conflicto y, por otro, no deja de fogonearlo. La predica de la alegría mientras reduce salarios, despide gente y elimina políticas de protección de derechos; la apelación a la paz mientras encarcela dirigentes sociales o va en busca de Cristina no son un absurdas. La paradoja se disuelve cuando se reconoce que lo que se quiere eliminar no es el conflicto sino su representación política. Y es responsabilidad del peronismo que esto no suceda.

La unidad del peronismo en las próximas internas, los recursos para las gestiones provinciales y municipales, la supervivencia de las organizaciones sindicales deben ser también decididos mirando a una sociedad que tomará posición frente a las consecuencias del endeudamiento, la reducción de los ingresos, el desempleo y buscará una expresión política que lo represente. Ese lugar no puede quedar vacío. Ese es el lugar del peronismo.

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