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El lado positivo de la disgregación del kirchnerismo

Por Jorge Sotelo (Grupo Perú /Revista La Calle)

El kirchnerismo nos ha brindado los gobiernos más peronistas después de los de Perón. Pero a la vez, ha constituido una disgreción dentro del peronismo. Y esa disgreción, festejada antes por muchos, hoy ha llevado a una disgregación de lo que se consideraba el núcleo homogéneo del kirchnerismo, al mismo tiempo que sectores de la dirigencia tradicional le contonean las caderas al macrismo o se arrojan a los brazos de Sergio Massa. Tomando distancia de las preferencias personales, pienso si este escenario no es el adecuado para favorecer el reordenamiento de las fuerzas populares.

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Asistimos a un cambio de ciclo en América Latina. El reciente golpe parlamentario perpetrado contra Dilma Rousseff, en Brasil, así lo demuestra. La derrota del kirchnerismo en Argentina, la crisis en Venezuela tras la muerte de Hugo Chávez, la derrota del referéndum por la reelección en Bolivia y los deslucidos gobiernos de Bachelet, en Chile, y el Frente Amplio, en Uruguay, completan el cuadro. Sabemos cuáles son las armas de la ofensiva regional contra los gobiernos populares: golpes institucionales, golpes de mercado, ofensiva judicial y ofensiva mediática. Lo que aún hoy ignoramos es el camino de recomposición de los movimientos populares. Porque, mientras el ciclo es de carácter continental, los procesos políticos son particulares y tienen perfil propio en cada país.

Los déficits

A mi entender, el proceso en Argentina ha tenido cinco grandes déficits. En primer lugar, el importante proceso de inclusión social que tuvo lugar en los últimos doce años se dio casi exclusivamente a través del consumo, es decir, por un importante aumento en los ingresos de los hogares populares. No fue complementado con la posibilidad de acceso a una densa red de bienes y servicios públicos. El manejo de variables macroeconómicas y la toma de grandes decisiones que afecten la economía real y el sector financiero pueden ser muy eficaces para reconfigurar el escenario de la distribución de ingresos en el corto plazo, pero no tan efectivas para sostenerla en el mediano largo plazo. La inclusión a través del consumo cumple un rol importante en un primer momento pero refuerza el individualismo en los ciudadanos que tienden a interpretar la nueva situación como un logro personal. Cuando la inclusión se efectúa no sólo a través del consumo sino también a través de sistemas públicos que garantizan el bienestar del pueblo, el individuo desarrolla una visión más compleja de sus logros en la que se incluye lo colectivo. Una mirada centrada en el mediano-largo plazo demandaría políticas sectoriales más estratégicas y mayor calidad de gestión en las distintas áreas del sector público prestadoras de servicios.

El segundo gran déficit es no haber acometido tempranamente un proceso de reforma profunda del poder judicial, el poder más vetusto de la República, el único que no es electo a través del voto popular directo y que se encuentra desde siempre colonizado por el poder político y corporativo, que funciona a través de un toma y daca permanente entre las distintas facciones del poder y que resulta siempre funcional al poder político de turno y al de grupos oligocráticos económicos. En realidad, el kirchnerismo continuó el patrón histórico de relación entre el poder ejecutivo y el poder judicial, tratando de lograr una correlación de fuerzas que lo favoreciera, y, cuando decidió llevar adelante una reforma profunda, ya era demasiado tarde. Durante el último tramo de su gobierno y en la actualidad sufre las consecuencias de una estrategia incompleta sobre este sector.

La tercera deficiencia fue no haber perpetrado una estrategia más agresiva aún respecto del poder mediático. Los propios dirigentes del oligopolio han hecho referencia a la capacidad que detentan de condicionar políticas, proteger gobiernos, fabricar crisis, influir en la opinión pública, poner y sacar presidentes. Este verdadero gran poder fáctico también fue utilizado por el kirchnerismo mientras le fue funcional y, cuando reaccionó, ya era tarde: los conflictos se habían multiplicado en los diversos frentes y la estrategia no tuvo la suficiente fuerza de devastación en ese terreno.

Un cuarto problema, casi insalvable, es que el modo de construcción de los gobiernos populares, consistente en rasgar el espacio social en dos, poniendo sobre la mesa los conflictos de una estructura social injusta y obligando a todo el mundo a tomar partido, resulta eficaz en el cambio de la correlación de fuerza y en la construcción de la legitimidad del gobierno sólo en un primer momento. Este mecanismo lleva necesariamente a una sobrepolitización de la sociedad que rápidamente -cansada del conflicto- quiere poder disfrutar tranquila de los nuevos beneficios del consumo. Pareciera ser que en estos procesos es necesario pasar rápidamente de la fase de ruptura y reconfiguración a la fase de institucionalización.

Como los cambios promovidos llevan necesariamente a una escalada de conflictos con los poderes fácticos, el gobierno debe necesariamente tornar homogénea su propia fuerza, esto impide un juego político más amplio y dificulta la contención de sectores diversos. El gobierno entonces va quedando más solo, acosado por la estrategia mediática, acosado por la estrategia judicial, con una sociedad cansada de la sobrepolitización y munida de una consciencia precaria sobre los logros derivados de la ampliación del consumo. Enfrenta así la batalla con resultados inciertos y -sin sucesores propios- pierde las elecciones.

El futuro

El kirchnerismo nos ha brindado los gobiernos más peronistas después de los de Perón. Pero a la vez, y por distintas razones, ha constituido una disgreción dentro del peronismo. Esto se nota en el escenario post derrota. Y esa disgreción, festejada antes por muchos, hoy ha llevado a una disgregación de lo que se consideraba el núcleo homogéneo del kirchnerismo, al mismo tiempo que sectores de la dirigencia tradicional del peronismo le contonean las caderas al macrismo o se arrojan a los brazos de Sergio Massa. Resultó extraño entonces, para propios y ajenos, que Cristina, que había salido del gobierno sin temor y sin fueros, escatimara su regreso y no hiciera esfuerzos por contener la tropa propia. Y que anunciara, en uno de sus retornos judiciales, la necesidad de un Frente Ciudadano que nadie se ocupó de operativizar.

Diana Dreyfus · Pliegos de superficie
Diana Dreyfus · Pliegos de superficie

Tomando distancia de las preferencias personales, pienso si este escenario no es el adecuado para favorecer el reordenamiento de las fuerzas populares. El movimiento popular tras cierto desconcierto ha comenzado a moverse a paso firme: las diversas marchas, concentraciones y plazas que se han sucedido desde que asumió el nuevo gobierno han confluido en verdaderas movilizaciones heterogéneas que han nucleado un variopinto conjunto de actores. El punto cúlmine de esto se ha visto en la movilización de la Marcha Federal. Multitudinaria movilización organizada, no espontánea, que atravesó el país y colmó la plaza de mayo y sus alrededores. En ella convergieron las dos CTA (Central de los Trabajadores Argentinos) -escindidas en el ciclo kirchnerista-, la Corriente Federal de los Trabajadores y algunos de la CGT, (Confederación General del Trabajo), entre ellos, Camioneros, Bancarios, UOCRA capital y los trabajadores ladrilleros. Acudieron diversos movimientos sociales, agrupaciones kirchneristas y fuerzas de izquierda (PO, MST, MAS y otros). Asistieron a la plaza varios dirigentes del kirchnerismo: Daniel Scioli, Jorge Ferraresi, Martín Sabbatella, Amado Boudou, Daniel Filmus, Carlos Tomada, entre otros. Por parte del movimiento de derechos humanos, estuvieron la presidente de Abuela de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto y la integrante de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, “Tati” Almeida. La Marcha Federal terminó con un masivo pedido de las bases de paro general.

Es evidente que esta unidad en la acción no se hubiese podido lograr convocando desde la figura de Cristina Kirchner. Porque el llamado de la etapa no tiene que ser la defensa del kirchnerismo -y sus gobiernos- sino la defensa de la conquistas populares que están siendo desbaratadas de manera salvaje y torpe por la nueva derecha en el poder.

marcha federal difu
Marcha Federal

En el terreno político ¿qué sucederá con el peronismo, cuyas organizaciones de base han sido motor indiscutido de estas marchas? Hace poco, en un reportaje, el pintor Daniel Santoro utilizó una imagen como metáfora del peronismo digna de un artista plástico. El peronismo es de arena, dijo. No podés trazar límites porque en dos minutos se te va todo a la mierda, dijo. Tenés que juntar a todos, incluyendo los peores, porque cuando definís las fronteras te amputás vos como conducción y no traccionás nada, dijo. El peronismo se reconfigura siempre, muta, cambia de forma, sobrevive… es como un cadeiloscopio.

La discusión que se está dando al interior del peronismo, además de las disputas entre los diferentes liderazgos y sus dominios (hablo del inmenso campo del peronismo y no sólo del PJ) está planteada en términos conceptuales: el peronismo de los próximos años será un peronismo del orden, disciplinado y previsible, que irá configurándose como un partido liberal que peleará la alternancia con el macrismo, como quieren muchos, o, por el contrario, acentuará su perfil rebelde y osado, tanto en la defensa de los derechos del pueblo como en el terreno de las propuestas y de las estrategias, es decir un peronismo nacional y popular, contestatario en el llano o en el poder.

Debemos atender a la dialéctica que ocurre entre la dirigencia, por un lado, y, por otro, la militancia de base y el activismo espontáneo, no encuadrado en ninguna estructura política, que ha caracterizado estos doce años y que el kirchnerismo no supo aprovechar convenientemente, en todo momento al menos. Resulta estimulante la cantidad de reuniones autoconvocadas y pequeños grupos que se van configurando en distintos lugares del país necesitados de discusión política, canales de participación y cauces para la acción. Esto constituye fermento y levadura del movimiento de los próximos años, a la vez que un anticuerpo que actúa desde la periferia para no caer en un peronismo del orden.

La manera en que el movimiento popular va mutando sin perder su naturaleza, su reinvención permanente, la repetida irrupción de lo nacional y popular, que para los pelos de los gorilas, produce un odio irracional que es invariablemente instrumentado por el poder. A eso se responde con inteligencia. Como decía Jauretche, combatiendo por el país alegremente, sin desmoralizarnos.

Esto es un activo del movimiento popular: el problema que le plantea al poder es su indefinición. No porque no se sepa adonde apunta, sino por que tiene piso, pero no tiene techo. Y porque no se circunscribe a un campo prefijado de conflictos y conceptos, sino que es capaz de extender sus fronteras todo lo que sea necesario. Y es esa heterogeneidad la que lo dota de un carácter insumiso y sedicioso. Y cuando éste encuentra un vínculo con un liderazgo que se encargue de la incómoda tarea del poder político y le otorgue cierta unidad se vuelve más resistente. Y, cuando este liderazgo se encuentra en el llano, se vuelve más resiliente.

CFK
Cristina Fernández de Kirchner

Ahora, mientras tanto, CFK es la líder con más densidad y apoyo popular de la oposición. Su predicamento excede el campo del peronismo -del que además decidió no participar, al menos, de la tradicional y patética pelea entre dirigentes menores- de modo que, en algún momento, si la dinámica de reordenamiento popular configurada en la unidad de acción en la calle -a la que el macrismo promete dar muchos motivos- se convierte en el fenómeno gravitante, por encima de los dirigentes de saco y corbata, es probable que lleguen a encontrarse en una buena síntesis los cuatro activos políticos con que contamos desde que se cerró el ciclo K y que planteábamos en diciembre acá: el peronismo, las agrupaciones, el activismo espontáneo y Cristina.

Esto se da, además, en un escenario muy particular. En Argentina, el
gobierno popular cerró su ciclo con éxitos notables, a pesar del parate de los último 4 años: se recibió un país desquiciado, se dejó un país con muchas menos desigualdades, se recibió un país con 1/4 de la PEA desempleada, se dejó un país con desempleo de un dígito (similares a los valores históricos del periodo 45-85), se recibió un país ahogado por las deudas, se entregó un país desendeudado. Se aumentó el gasto público sin comprometer la situación fiscal. Se demostró que era posible la inclusión sin comprometer el crecimiento. El déficit del último año, menor y transitorio, de todos modos no cuestiona el desempeño de un gobierno de corte popular. Sin embargo, la recesión y la inflación sí pone en cuestión el desempeño de un gobierno conservador. Una idea similar expresa Vertbitsky en su nota de hoy al comentar un trabajo de Marcelo Leiras de la Universidad San Andrés.

Mientras tanto, la brutal transferencia de ingresos realizada en el primer medio año de gobierno de Cambiemos hacia el sector agropecuario, las empresas mineras, petroleras y bancos de manera concomitante con un feroz ajuste que cae sobre las espaldas del pueblo, muestra a los ojos de la gente la diferencia.

Yo siento que hoy la resistencia está en la tropa, está en la gente, no está en los dirigentes (...) A meterse los egos en el orto y a hacer un gran frente.                                                                                                          

                           Dady Brieva, peronista silvestre
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